En la República Dominicana, la eficacia del Estado no se mide en discursos ni en seminarios: se mide en la acera. En el camión que pasa —o no pasa—, en el parque que se cuida —o se deja perder—, en el drenaje que responde cuando llueve, en la iluminación de una calle que puede ser seguridad o abandono. Por eso, cuando se habla de municipalidad, no estamos hablando de un tema menor: estamos hablando de la primera línea de calidad de vida.
En ese escenario, Víctor D’Aza, presidente de la Liga Municipal Dominicana (LMD) y reconocido por Nuestras Instituciones Públicas como Figura Municipalista del Año, no es un actor más del debate público. Es, hoy por hoy, la figura central del país en asuntos municipales, no solo por su posición institucional, sino por su peso técnico y su lectura del territorio. Y justamente por eso sus declaraciones en torno a la reforma aprobada por el Senado —para readecuar el destino de los fondos de los gobiernos locales— llegan en el momento correcto y con el enfoque correcto.
