La dinámica económica, de desarrollo inmobiliario y de infraestructuras de gobierno que vive Santiago en estos momentos no tiene precedente en la historia y plantea retos ante asuntos críticos que ameritan de acciones urgentes y puntuales para evitar un caos mayor en medio de ese crecimiento histórico.
El Sistema integrado de transporte de Santiago, STI por sus siglas, es un ambicioso plan gubernamental que pretenda abarcar un teleférico, un monorriel, corredores de autobuses y un circuito de bicicletas en la segunda ciudad del país y que ya está en ejecución con sus dos componentes iniciales en primera etapa.
Desde la última década del siglo pasado decidí cambiar el calendario del clásico descanso de lo que los católicos llamamos la Semana Santa. Salgo de Santo Domingo el fin de semana previo al Domingo de Ramos y regreso a la ciudad el Miércoles Santo cuando la mayoría comienza a salir y se forman largas filas de autos en las carreteras.
Casi siempre es mi tiempo para Puerto Plata y la Costa Norte. Me alojo en Sosúa donde Humberto Pichardo –anfitrión 5 estrellas- ofrece un excelente servicio en el Hotel Casa Marina Beach & Reef.
La inversión realizada por Gobierno y BID en la Ciudad Colonial Santo Domingo, todavía no tiene organismos de gobernabilidad concurrente que la proteja. Al contrario, en Santiago poseemos el Consejo del Centro Histórico formado por 11 entidades corresponsables. Es la entidad para darle soporte a las actuales inversiones del Estado en el casco fundacional de la ciudad más ciudad de RD.
Se registra que el hoy viceministro de Economía Domingo Matías y Andrés Navarro eran funcionarios del Programa de Reforma y Modernización del Estado (PARME), cuando Miguel Lama les presentó la propuesta para fortalecer el Centro Histórico de Santiago (2004). Navarro y Matías validaron la iniciativa, y la canalizaron a organismos institucionales de Unión Europea (UE) en Bruselas, vía su representante local, Sonia Chirinos, quienes concluyeron aprobándola.
Eso fue en 2004. Quien suscribe era el gerente de proyectos del Consejo para el Desarrollo Estratégico. Encargado de formular y darle seguimiento a iniciativas del primer Plan Estratégico de Santiago 2010. Por primera vez en la historia, 250 instituciones del Cibao habían priorizado este territorio para su revalorización integral.
Luego de aprobada la Ley de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos se escuchan algunas opiniones sobre el marco legal carentes de fundamento, que confunden a la ciudadanía y dejan sobre la mesa algunos mitos que requieren ser aclarados con el fin de que estos no distorsionen la realidad. La rapidez en el conocimiento del marco legal, el carácter orgánico de la ley y la reducción de las competencias de las alcaldías son tres de los mitos divulgados, que se vierten sobre la ley y necesitan ser desmitificados con algunos de los datos que se exponen a continuación.
Ante el primer mito, de que la ley ha sido conocida y aprobada con mucha rapidez, no se ha tomado en cuenta de que la celeridad de su aprobación y promulgación ha sido el resultado de una década de trabajo en la que diversos actores e instituciones realizaron aportes para consolidar una versión técnica y política útil para ordenar el caos existente en el territorio. Una década en que la continuidad del Estado fue clave para la mejora y perfección de una propuesta de ley de autoría local, tomando el cuidado para no caer en los errores que otros países han cometido al momento de aprobar instrumentos similares.
Santiago no es un espacio urbano, es retrato interior. Y no lo digo por vanidad parroquiana, sino por vivencia. Nacer aquí fue una fortuna; estar, una apuesta bien ganada. Más que ciudad, es un hábitat de cercanías. Pequeña y grande, recogida y expuesta, simple y monumental.
No pocas veces me han inquirido sobre la ciudad. La inquietud surge de extranjeros y locales, pero busca igualmente descubrir ese indescifrable secreto que provoca una seducción discreta. La respuesta me salió en una ocasión y la sentí tan certera que hace algo más de diez años sigue siendo la misma. Esa vez le dije a un costarricense: Santiago es una adolescente que mira su desnudez frente a un espejo; quisiera abrirse al desafío de ser mujer, pero la estremece abandonar la ingenuidad de la infancia.
El municipio está en parecida disyuntiva: extasiado por el reto de ser ciudad, pero con la duda de borrar su impronta pueblerina. En esa indecisión yace su hechizo. Una transición urbanística siempre inconclusa en la que el barrio no termina de morir ni la ciudad de madurar. Esa callada resistencia, armada con el celo de la tradición, la convierte en una “ciudad temperamental”: a veces pueblo, apenas ciudad, o, tal vez, una composición promiscua de ambas verdades.