En República Dominicana, miles de familias todavía duermen, comen y crían a sus hijos sobre pisos de tierra. No es una imagen del pasado: es una realidad presente en comunidades rurales y periurbanas del país que concentran los mayores índices de pobreza. Cambiar ese piso —literalmente— puede cambiar la salud de una familia, el desarrollo de un niño y las condiciones de vida de una comunidad entera.
Con esa premisa, la Asociación Dominicana de Productores de Cemento Portland (ADOCEM) se sumó a la jornada del programa «100,000 pisos para jugar», impulsado junto a Hábitat para la Humanidad República Dominicana. La iniciativa apunta a sustituir pisos de tierra por superficies firmes, higiénicas y seguras en hogares de familias en situación de vulnerabilidad.
Los pisos de tierra no son solo una carencia estética. Son un factor de riesgo sanitario documentado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y múltiples estudios en América Latina han establecido una correlación directa entre los pisos de tierra y la prevalencia de enfermedades parasitarias intestinales, infecciones respiratorias y dermatológicas, especialmente en niños menores de cinco años.
En República Dominicana, las encuestas de hogares del fusionado Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD) habían registrado que este déficit habitacional se concentra en las regiones del Cibao, el suroeste y las zonas de bateyes, donde la pobreza multidimensional es más aguda. Para estas familias, el acceso a un piso de concreto no es un lujo: es una intervención de salud pública.
El programa, liderado por Hábitat para la Humanidad República Dominicana, tiene como meta la instalación de 100,000 pisos de concreto en hogares con piso de tierra a nivel nacional. La iniciativa opera mediante jornadas comunitarias en las que equipos de voluntarios —en este caso, con la participación de ADOCEM y sus empresas afiliadas— instalan directamente las superficies en las viviendas seleccionadas.

