Podría sostenerse, en una primera aproximación, que la esfera política municipal –es decir, el gobierno de las ciudades y las dinámicas de acción colectiva urbana– no ha llegado a tener una presencia relevante en las teorías y los proyectos de emancipación colectiva. La centralidad de los marcos nacional-estatales, así como el eje de clase en el conflicto social, habría desplazado los ámbitos de proximidad, en el contexto de las sociedades industriales, hacia roles aparentemente marginales en los procesos de transformación colectiva. Algo de razón hay en esta reflexión. Aún hoy la escala nacional estructura imaginarios políticos y vertebra actores de cambio; aún hoy se establecen relaciones de jerarquía entre Estados y ciudades. La dimensión municipal como espacio de disputa de proyectos emancipatorios sigue reflejando algunas debilidades.
Es posible, sin embargo, adoptar otra mirada. Una perspectiva orientada a rescatar la relevancia histórica de lo local como activador de transformaciones. Y un enfoque, también, con sensibilidad para leer el fortalecimiento de lo urbano, de sus gramáticas democráticas y de esperanza, en el contexto actual de cambio de época y de ofensiva reaccionaria. Sí, la política de proximidad ha sido y es un espacio generador de utopías cotidianas y practicables; quizás con niveles bajos de épica y simbolismo, pero con un potencial remarcable para alterar trayectorias vitales y colectivas, para liberarlas de ataduras e injusticias. Este artículo intentará aportar algunas reflexiones sobre todo ello, tanto desde claves teóricas y contextos históricos como desde prácticas que se despliegan hoy y vienen cargadas de enorme potencial de futuro.
Tal vez la Comuna de París haya operado como referente fundacional del proceso de arraigo de la transformación social en entornos de proximidad. No solo la experiencia parisina, entre marzo y mayo de 1871, proyectó claves revolucionarias en el escenario local, sino que en ella lo comunitario emergió como lógica de creatividad colectiva y exploración de nuevos caminos. Junto con la eliminación de privilegios materiales se tejen prácticas de autogobierno municipal y democracia directa; surgen también, más allá de divisiones ideológicas, espacios de hibridación entre tradiciones anarquistas, republicanas y socialistas. Ya entrado el siglo xx, en la Barcelona combativa (la mítica Rosa de Foc o Rosa de Fuego) de 1909, vuelven a cristalizar proyectos municipalistas radicales. En clave socialista-autogestionaria, se expresaba la aspiración de constituir los municipios como «verdaderas cooperativas de producción y de consumo, capaces de coordinar todo lo colectivo (condiciones de trabajo y habitacionales) recuperando las funciones secuestradas por los poderes del Estado»1. En clave libertaria, Joan Montseny formulaba en el libro Los municipios libres la doble reivindicación de la proximidad y la comunalidad: «lo local como escala de organización colectiva y la gestión comunitaria de los bienes básicos como prefiguración de la sociedad anarquista»2. En otro contexto, y en el campo de las prácticas concretas, cabe destacar la relevante trayectoria del sewer socialism (socialismo de las alcantarillas) en la ciudad de Milwaukee (Wisconsin). Con una plataforma abiertamente socialista, Emil Seidel es elegido alcalde de la ciudad en abril de 1910. Arrancaba así una trayectoria de décadas de mayorías municipalistas transformadoras (viviendas asequibles, agua y electricidad bajo control democrático, construcción de escuelas públicas, etc.) con fuertes alianzas en el movimiento obrero. Fue una experiencia local exitosa que, además, inspiró buena parte de los valores y las políticas del New Deal de Franklin D. Roosevelt (un claro ejemplo de salto en escala de lo municipal a lo nacional).
En el terreno de la acción colectiva urbana se registran, a su vez, durante la primera mitad del siglo xx, tres movilizaciones de inquilinos de gran alcance e impacto. En Buenos Aires, en 1907, 1.000 edificios articularon un movimiento que, a través del instrumento de la huelga de alquileres, alcanzaron una reducción de 30% de los precios. En Glasgow, en 1915, las mujeres del movimiento laborista independiente, encabezadas por la activista Mary Barbour, llegaron a organizar a 20.000 hogares contra los incrementos de los alquileres y los desalojos. En Barcelona, entre 1931 y 1932, casi 50.000 hogares participaron en una gran huelga inquilina, impulsada por el sindicalismo libertario.
Tras 1945, se abre en las democracias europeas un proceso de constitucionalización de derechos y de expansión de políticas de bienestar: un proyecto de cambio social a gran escala apoyado en bases populares y en mayorías de izquierda. Los gobiernos locales son, sin embargo, desplazados a las periferias institucionales de la transformación: la nueva ciudadanía social se construye en torno de los Estados-nación. Aun así, el municipalismo popular aprovecha la «grieta italiana». El Partido Comunista Italiano (pci), hegemónico en la izquierda, ve bloqueadas –en plena dinámica de Guerra Fría– sus posibilidades de acceder al gobierno central. Se abre, sin embargo, la ventana local. Las alcaldías del pci despliegan programas transformadores de largo alcance. Bologna la rossa se erige en referente, con mayorías municipales comunistas durante décadas, y su legado se aprecia hoy en la fortaleza del ecosistema territorial de economía social y solidaria, o en la fuerte presencia del cooperativismo habitacional. En esas décadas de posguerra, al otro lado del Atlántico, Jane Jacobs enciende la defensa del municipalismo vecinal y de la acción colectiva urbana. La teórica y activista de Nueva York propugna una ciudad de barrios con mixtura social y de usos (residenciales, comerciales, formativos, lúdicos), con espacios para las relaciones sociales y comunitarias. Articula para ello la movilización de colectivos residentes y clases populares frente a los delirios «modernizadores» (autopistas urbanas y ruptura de tejidos humanos) de los planificadores de Manhattan. Su mirada feminista y rebelde y sus luchas quedaron plasmadas en el fascinante libro The Death and Life of Great American Cities [La muerte y la vida de las grandes ciudades estadounidenses] de 19613. Y se han seguido vertebrando comunidades y prácticas de base. Mucho de todo ello se expresa hoy en la articulación de valores y luchas que han llevado a Zohran Mamdani a la Alcaldía de Nueva York.

