Eran las 9:00 de la mañana, los perros estaban echados en la entrada del destacamento. No parecía importarles quién entraba ni quién salía. Antes de cruzar la puerta ya se escuchaban las voces de los policías, quienes hablaban entre ellos en un tono distendido sobre sus vidas, hasta que la llegada de un ciudadano cambió por unos segundos la conversación.
Saludos, vine a poner una denuncia —dijo un hombre. —Buenas, saludos —respondieron tres agentes que permanecían sentados en el área de espera para los ciudadanos, ¿Qué le pasó? La pregunta dio paso a otro de los trámites que forman parte de la cotidianidad de estas estaciones cargadas de inconvenientes.
Un recorrido de Diario Libre por varias estaciones policiales encontró rutinas hechas entre documentos, teléfonos, quejas y apresamientos que ocurren mientras los oficiales esperan instrucciones y otros problemas tan básicos como que se vaya la luz o falle el internet.
Era 19 de agosto, en el destacamento de Capotillo, un ciudadano había llegado para reportar la pérdida de su carnet y otros documentos. No pudo hacerlo. «No hay luz»—dijeron los policías. La electricidad se había interrumpido en parte del perímetro y una brigada trabajaba afuera.
La solución fue enviarlo a la unidad policial del Ensanche Luperón. Para quien está detrás de un escritorio, puede ser una interrupción del servicio, mientras aquellos que acaban de caminar hasta una estación policial para poner una denuncia, significa otra cosa: tener que volver a salir a la calle y buscar otro lugar donde comenzar de nuevo el trámite.

