En medio de un fétido ambiente de aguas cloacales y montañas de desperdicios, decenas de niños y comunitarios arriesgan su salud diariamente cruzando un maltrecho viaducto peatonal improvisado sobre un tubo de la CAASD
Santo Domingo, RD.- Pasadas las doce del mediodía, el sol incandescente de la capital dominicana no perdona. Golpea con una furia desmedida las casuchas de zinc que se agolpan a orillas de la cañada Las 800, en el empobrecido sector del mismo nombre en Los Ríos.
El aire caliente se vuelve casi imposible de respirar en esta hondonada del Distrito Nacional. Un hedor penetrante a materia fecal e inmundicia sofoca los pulmones de quienes habitan el lugar y de quienes recorremos esta herida abierta de la ciudad.
Caminar por el tramo que une a Las 800 con el barrio vecino es adentrarse en una ruleta rusa. Decenas de residentes, acompañados de indefensos niños con uniformes escolares, deben cruzar a diario un desvencijado puente peatonal improvisado, que más que una solución parece una trampa.
Esta precaria estructura fue montada hace años directamente encima de un corroído tubo cloacal. La madera cruje, los alambres ceden y aguas infectadas acechan debajo con cada posible paso en falso de los transeúntes.

