El estruendo de la tierra nunca avisa. En segundos puede derrumbar edificios, destruir comunidades y cambiar para siempre la vida de miles de familias. Así ocurrió en Haití en 2010 y así volvió a recordarnos la tragedia ocurrida en Venezuela el pasado 24 de junio de 2026. Ambos desastres dejan una misma enseñanza: los terremotos son fenómenos naturales; las catástrofes son, en gran medida, consecuencia de cómo las sociedades ocupan y transforman su territorio.
La forma en que construimos nuestras ciudades responde a una construcción social del territorio que determina quién está expuesto al peligro, quién pierde su patrimonio y quién tiene posibilidades de recuperarse. Cuando el crecimiento urbano ignora la geología, la hidrología y las restricciones naturales del suelo, el riesgo deja de ser una posibilidad para convertirse en una tragedia anunciada.
Esta realidad interpela directamente a la República Dominicana. Diversas ciudades de la región norte presentan condiciones de vulnerabilidad asociadas a la cercanía de fallas tectónicas activas y a procesos de expansión urbana acelerada. Santiago de los Caballeros, por ejemplo, ha experimentado un crecimiento importante sobre terrenos cuyas características geológicas incrementan la vulnerabilidad estructural. Puerto Plata, por su ubicación en la costa norte, mantiene igualmente una elevada exposición a la amenaza sísmica.
A esta realidad no escapan otras importantes provincias del país, las cuales enfrentan condiciones de vulnerabilidad similares; sin embargo, por razones de espacio, en este artículo nos limitamos al caso de Moca. Dentro de este escenario, el municipio constituye uno de los ejemplos más relevantes. El análisis técnico elaborado para sustentar su Plan Municipal de Ordenamiento Territorial (PMOT) revela que presenta el nivel máximo de amenaza sísmica del país.
Los resultados son contundentes: el 41.63 % de las edificaciones del municipio, es decir, más de 42,600 estructuras, se encuentran en condiciones de riesgo sísmico alto o muy alto. La situación resulta particularmente crítica en los distritos municipales de Las Lagunas, Juan López y José Contreras, ubicados en el área de influencia de la Falla Septentrional, donde convergen la amenaza geológica, la vulnerabilidad de las edificaciones y condiciones de fragilidad social.

