Salvo acciones y voces temerarias que rechazan a priori toda explotación minera, sin que importe que sea cónsona con estándares internacionales, en el país hay, lo que es altamente saludable, una opinión pública vigorosa que defiende los recursos naturales y advierte a las autoridades gubernamentales que ni siquiera piensen en lo contrario.
Es bueno ese celo que rechaza cualquier tentativa de depredación y saqueo. Vemos a un pueblo movilizado, despierto, vigilante respecto a sus recursos mineros, por lo que ojalá su lucha permanezca sin la contaminación de posiciones obtusas opuestas per se a todo tipo de explotación, incluso aquella que se practica de manera responsable y en armonía con el medio ambiente y los recursos naturales, y que cumple estrictamente los requerimientos de un aprovechamiento medioambiental sostenible.

